-DISTANCIA: 26 Km. (Circular).
-TIEMPO ESTIMADO: A un paso tranquilo y contando con la visita a Cancho Roano y una parada para comer, unas 7 horas aproximadamente.
-EPOCA RECOMENDADA: Cualquier época del año es buena para realizar la ruta menos en verano por las altas temperaturas. No hay nada de sombra en todo el recorrido y al ser larga no se puede evitar las horas de más calor. Tampoco es recomendable en época de muchas lluvias ya que nos podemos encontrar mucho barro en algunos tramos y posibles crecidas sobre todo del arroyo Cagancha.
-DIFICULTAD: Media. La ruta no presenta ningún tipo de dificultad salvo que es larga. Es prácticamente llana en todo el recorrido, exceptuando dos subidas en el entorno del embalse, que casi que se apetecen con tanto llano que existe en todo el recorrido. Comentar que la ruta no se encuentra señalizada, pero es bastante fácil su orientación y prácticamente siempre se transita por caminos anchos en muy buen estado.
-SITUACIÓN: La ruta da comienzo en Zalamea de la Serena, en la amplia comarca que lleva su mismo nombre, la comarca de la Serena. No hay autovías cercanas pero las carreteras de acceso son buenas.
-ENLACES DE INTERES:
-DESCRIPCION DE LA RUTA:
En esta ocasión nos desplazamos a Zalamea de la Serena, cuna literaria de esa gran obra de Pedro Calderón de la Barca que es El alcalde de Zalamea. Vamos a partir desde aquí para buscar los restos de unas de las civilizaciones que aunaron tanto esplendor como misterio, los tartesios, que tanta relevancia tuvieron aquí en nuestra zona del sur de Badajoz entre los siglos VI y V a.c. y que nos dejaron pistas de su presencia como son Casas del Turuñuelo o Cancho Roano, el cual visitaremos. Pasaremos por el embalse de Zalamea o "la Charca" que es como la llaman a esta construcción del siglo XVIII y con todo esto daremos forma a una bonita ruta que engloba tanto pasado y presente como historia y mito y en la que a mí personalmente me conecta con mis raíces. Un beso y un abrazo a quien entienda esto último. Átate los cordones que nos vamos...
Empezamos nuestra aventura en la Plaza Calderón de la Barca. Tengo que decir que Zalamea de la Serena me impresionó bastante de manera positiva, ya que es un pueblo bastante amplio, moderno y sobre todo vivo, cosa esta última que por desgracia se echa bastante en falta en otros lados.
El maestro nos recibe y nos da los buenos días.
Tengo que decir que la ruta oficial es al revés de como yo la realicé, o sea pasando primero por el embalse. Yo la hice al contrario para visitar por la mañana Cancho Roano, ya que los Domingos por la tarde las instalaciones están cerradas y no se puede visitar. Os dejo el enlace de los horarios aquí para que os organicéis y podáis realizar la ruta a vuestro gusto.
Tras callejear un poco salimos del pueblo por el Norte. En el primer desvío de caminos tomaremos el de la izquierda, caminando entre fincas de ganado.
Más adelante atravesamos el arroyo Cagancha, el cual nos encontraremos en varias ocasiones. Al poco llegaremos a la carretera. Atravesándola con mucho cuidado seguiremos con nuestra ruta por tierras tartésicas.
Siempre haciendo amigos.
Al pie de un enorme eucaliptus que seguro que vemos giramos a la derecha y seguidamente a la izquierda, para ir en este tramo paralelo al arroyo que por cierto, fue de suma importancia para Cancho Roano.
Entre dehesas poco pobladas empezamos a divisar el enorme techo que cubre el yacimiento arqueológico. Un camino a la derecha que atraviesa el arroyo por un puente nos lleva a la entrada del recinto.
Comentar que las instalaciones tienen su horario como ya he comentado y que la entrada es gratis. Primero se puede visitar el centro de interpretación, el cual explica de una manera clara tanto el yacimiento como un poco de la civilización tartésica que pobló estas tierras. La maqueta del yacimiento que allí se encuentra ayuda mucho a descubrir y entender Cancho Roano.
Una vez que hayamos comprendido un poco mejor tanto el yacimiento como la cultura tartésica, podemos ir a visitarla. La verdad es que impacta mucho por lo enorme que es. Cancho Roano se trataba de un santuario-palacio que hacía funciones religiosas, comerciales y de reunión. Era un centro de poder que se construyo en la última época de la civilización tartésica, cuando esta estaba en su fase más avanzada. Los tartesos basaban su economía en la explotación de minas como las de Rio Tinto, Tejada la Vieja, Sotiel Coronada o las minas de Aznalcollar en Sevilla. Cancho Roano era un punto de unión comercial con el exterior, de ahí su alta importancia. Es por ello que los tartesos era una civilización próspera. Sus dominios abarcaban las provincias de Huelva, Sevilla, Cádiz y Córdoba y en su última etapa el sur de Badajoz.
El dato que más me impacta es que más o menos a principios del siglo IV a.c. el edificio fue destruido de forma deliberada. Se celebró un gran banquete y se sacrificaron animales, para seguidamente incendiarlo y taparlo con una gran capa de tierra, que dio un aspecto desde afuera de túmulo o pequeño cerro durante 2.500 años.
Docenario es un pequeño pueblo en el cual lo sencillo y lo básico lo hacen tremendamente bonito. Se construyó junto a otros muchos pueblos con el conocido "Plan Badajoz". Sus calles rectas, sus casas sencillas, su entorno moderno, limpio y tranquilo hacen de este pueblo un lugar ideal para vivir rodeado de campo y de vida.
Como ya comenté anteriormente el embalse de Zalamea o "La Charca" es una construcción que data del siglo XVIII, dando vida a la zona, especialmente a pueblos originariamente agrícolas de regadío como Docenario. El embalse es muy pequeño, pero tiene mucha vida a su alrededor. Puedes pescar, bañarte... o simplemente relajarte y pasar el día. Como dato muy curioso en la presa había una capilla que se construyó en honor a San Cristobal , por una ermita que se encontraba en las inmediaciones del agua y que quedó parcialmente sumergida por la construcción del embalse.
Tras caminar un tramo por la orilla del embalse, giramos a la izquierda por un camino que nos llevará en subida a alejarnos de este precioso entorno para ir poco a poco acercándonos de nuevo a Zalamea.


































